¿Puede el ejercicio ayudar a mantener nuestras funciones cognitivas?

¿Puede el ejercicio ayudar a mantener nuestras funciones cognitivas?

Por: Karen Galván 

¿Puede el ejercicio ayudar a mantener nuestras funciones cognitivas?

Cuando hablamos de realizar actividad física, generalmente pensamos en sus beneficios para los músculos, los huesos, el corazón o el control del peso. Sin embargo, existe otra parte de nuestro cuerpo que también se beneficia de mantenernos activos: el cerebro.

Realizar ejercicio de manera regular no solamente ayuda a mejorar nuestra condición física; también puede favorecer la salud cerebral y contribuir al mantenimiento de algunas funciones cognitivas, como la memoria, la atención, la concentración y la capacidad para resolver problemas.

Diversos estudios han encontrado una relación entre la práctica habitual de ejercicio y algunos indicadores de una mejor salud cerebral. Por ejemplo, participar durante varios meses en programas de ejercicio de intensidad moderada se ha asociado con cambios favorables en determinadas regiones cerebrales relacionadas con la memoria y otras funciones cognitivas.

Pero ¿cómo puede el movimiento beneficiar a nuestro cerebro?

Movernos también es cuidar nuestro cerebro

Cuando realizamos actividad física, aumenta la circulación sanguínea y el organismo mejora el transporte de oxígeno y nutrientes hacia diferentes tejidos, incluido el cerebro. Además, el ejercicio produce respuestas relacionadas con la plasticidad cerebral, es decir, con la capacidad del sistema nervioso para adaptarse y establecer nuevas conexiones.

Esto no significa que hacer ejercicio garantice que una persona nunca tendrá problemas de memoria ni que pueda sustituir un tratamiento médico cuando existe una enfermedad.

¿Qué ejercicio podemos realizar?

No necesitamos ser atletas para obtener beneficios. Caminar, bailar, andar en bicicleta, nadar o realizar ejercicios de fuerza son algunas alternativas que pueden incorporarse a nuestra rutina de acuerdo con nuestras capacidades.

El ejercicio de fuerza es especialmente importante conforme envejecemos, ya que ayuda a conservar la masa muscular y la capacidad para realizar actividades cotidianas. También podemos incluir ejercicios de equilibrio, coordinación y movilidad.

Y aquí encontramos una combinación especialmente interesante: el ejercicio físico acompañado de un reto cognitivo.

Por ejemplo, caminar mientras contamos hacia atrás, recordar una secuencia de movimientos, lanzar una pelota mientras mencionamos nombres de animales o frutas, cambiar la dirección de la marcha siguiendo instrucciones o realizar ejercicios de equilibrio mientras respondemos preguntas.

Estas actividades hacen que el cuerpo y el cerebro trabajen simultáneamente.

No se trata solamente de hacer ejercicio

Cuando una persona camina por un parque, por ejemplo, no solamente está moviendo sus piernas. También necesita observar su entorno, identificar obstáculos, mantener el equilibrio, recordar hacia dónde se dirige y tomar decisiones.

Por ello, desde la fisioterapia y la neurorrehabilitación podemos plantear actividades que no busquen únicamente mejorar la fuerza o la resistencia, sino que también estimulen la atención, la memoria, la coordinación y la capacidad de responder ante diferentes situaciones.

Moverse y pensar al mismo tiempo puede convertirse en una estrategia interesante para mantener nuestras capacidades funcionales.

La constancia es más importante que la intensidad

En términos generales, se recomienda que los adultos realicen actividad física de manera regular e incorporen ejercicios aeróbicos y de fortalecimiento muscular de acuerdo con sus posibilidades y condiciones de salud.

Sin embargo, comenzar de manera progresiva es fundamental. Una persona que ha permanecido sedentaria durante mucho tiempo no debería iniciar repentinamente con ejercicios de alta intensidad. Caminar durante 30 minutos, realizar ejercicios de fuerza adaptados o simplemente aumentar progresivamente el tiempo que permanecemos activos puede ser un buen comienzo.

Lo importante es encontrar una actividad que podamos realizar de manera segura y mantenerla como parte de nuestra rutina.

Cuidar el cerebro también es cuidar nuestra independencia

El envejecimiento trae consigo cambios naturales en nuestro organismo, pero esto no significa que debamos asumir que perder nuestras capacidades cognitivas es inevitable.

Mantener una alimentación equilibrada, dormir adecuadamente, tener contacto social, controlar factores de riesgo cardiovascular, estimular intelectualmente nuestro cerebro y realizar actividad física son elementos que pueden contribuir a un envejecimiento saludable.

Además, el ejercicio tiene un beneficio integral: mientras fortalecemos nuestros músculos y mejoramos nuestra resistencia, también trabajamos el equilibrio, la movilidad y la capacidad funcional, aspectos fundamentales para conservar nuestra independencia.

Por eso, cuando pensamos en ejercicio, no deberíamos hacerlo únicamente desde la estética o el rendimiento deportivo. Hacer ejercicio también significa invertir en nuestra salud, nuestra autonomía y nuestra calidad de vida.

Nuestro cuerpo y nuestro cerebro no trabajan por separado. Cada vez que nos movemos, nuestro sistema nervioso participa en la planificación, coordinación y ejecución de ese movimiento.

Así que la próxima vez que pensemos que hacer ejercicio solamente sirve para fortalecer nuestros músculos, recordemos algo más:

Mover nuestro cuerpo también es una forma de cuidar nuestro cerebro.

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