¿Por qué dejar de movernos puede empeorar algunos dolores?

¿Por qué dejar de movernos puede empeorar algunos dolores?

Por: Karen Galván

El movimiento como parte del tratamiento fisioterapéutico

Cuando aparece un dolor, una de nuestras primeras reacciones suele ser dejar de movernos. Pensamos que, si descansamos y evitamos utilizar la zona afectada, el dolor desaparecerá más rápido. Pero entonces puede surgir una pregunta muy común:

“¿Por qué me duele más cuando dejo de moverme?”

Aunque el reposo puede ser necesario en determinadas lesiones o etapas de una enfermedad, mantenernos inactivos durante demasiado tiempo no siempre favorece la recuperación. En algunas situaciones, la falta de movimiento puede contribuir a generar rigidez, pérdida de fuerza, disminución de la movilidad y menor tolerancia a las actividades cotidianas.

Cuando el reposo deja de ayudar

Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. Cuando reducimos considerablemente nuestra actividad física durante periodos prolongados, los músculos pueden perder fuerza y las articulaciones pueden volverse más rígidas. Además, podemos comenzar a sentir inseguridad o temor al realizar determinados movimientos.

Esto puede generar un círculo difícil de romper:

Dolor → menos movimiento → pérdida de capacidad física → mayor sensibilidad al esfuerzo → más miedo a moverse → menos movimiento.

Por esta razón, en determinados problemas musculoesqueléticos, la recuperación no consiste simplemente en esperar a que el dolor desaparezca, sino en recuperar progresivamente el movimiento y la capacidad funcional.

No se trata de “aguantar” el dolor

Hablar de movimiento como parte del tratamiento no significa que debamos ignorar el dolor, hacer ejercicio sin control o continuar con una actividad que claramente empeora nuestros síntomas.

La clave está en encontrar qué movimiento es adecuado, cuánto podemos realizar y cómo incrementar progresivamente la carga.

El ejercicio terapéutico debe adaptarse a las características de cada persona. Una misma actividad puede ser apropiada para alguien y no serlo para otra persona, dependiendo de su diagnóstico, condición física, síntomas y objetivos.

La importancia de una valoración adecuada

Aquí es donde la fisioterapia tiene un papel importante.

Además de contar con un diagnóstico médico cuando sea necesario, el fisioterapeuta realiza una valoración enfocada en el movimiento y la función. Puede analizar aspectos como la movilidad, fuerza muscular, coordinación, postura, equilibrio, tolerancia a la carga y la manera en que los síntomas afectan las actividades diarias.

Con esta información es posible diseñar un programa de tratamiento individualizado.

Por ejemplo, una persona con una hernia discal puede requerir un programa diferente al de alguien con dolor de hombro. Incluso entre personas con el mismo diagnóstico pueden existir diferencias importantes en los síntomas, las capacidades físicas y la respuesta al movimiento.

Por eso, no existe un ejercicio universal para todos los dolores.

Movimiento progresivo: avanzar poco a poco

Uno de los principios importantes del ejercicio terapéutico es la progresión de la carga.

Esto significa que el cuerpo debe recibir estímulos adecuados a su capacidad actual y, conforme mejora su tolerancia, incrementar gradualmente la dificultad, duración, intensidad o complejidad de los ejercicios.

El objetivo no es hacer más por hacer más, sino conseguir que el cuerpo recupere progresivamente su capacidad para realizar actividades que antes resultaban difíciles o dolorosas.

Con un programa correctamente dosificado, el ejercicio puede contribuir a mejorar la fuerza, movilidad, capacidad funcional y confianza en el movimiento, además de ayudar al manejo de determinados tipos de dolor.

¿Y qué ocurre con los medicamentos?

Los analgésicos y otros medicamentos pueden formar parte del tratamiento de diferentes condiciones, pero su utilización debe estar indicada y supervisada por un profesional médico.

En algunos casos, mejorar la condición física y utilizar estrategias de ejercicio terapéutico puede contribuir al manejo del dolor y, dependiendo de cada situación, reducir la necesidad de recurrir exclusivamente a medicamentos.

Esto no significa suspender o modificar un medicamento por cuenta propia. Cualquier cambio en el tratamiento farmacológico debe realizarse con la indicación del profesional correspondiente.

Escuchar al cuerpo también significa aprender a moverlo

A veces confundimos escuchar a nuestro cuerpo con evitar cualquier actividad cuando aparece una molestia. Sin embargo, escuchar al cuerpo también significa aprender a reconocer sus límites, comprender qué movimientos tolera y avanzar de manera gradual.

El objetivo de la fisioterapia no es solamente disminuir un síntoma, sino ayudar a la persona a recuperar movimiento, función, confianza y autonomía.

Por eso, ante un dolor persistente, la pregunta no siempre debería ser:

“¿Cuánto tiempo tengo que estar en reposo?”

También podemos preguntarnos:

“¿Qué puedo hacer para recuperar mi movimiento de manera segura?”

Porque en muchas ocasiones, el movimiento adecuado, en la dosis adecuada y en el momento adecuado, puede ser parte importante del camino hacia la recuperación.

Recuerda: no todos los dolores requieren el mismo tratamiento. Si presentas dolor persistente, limitación del movimiento o dificultad para realizar tus actividades habituales, busca una valoración profesional para determinar la causa y el tratamiento más adecuado para ti.

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