Insignificancia

Insignificancia

Por: Mauricio Hernández Sarvide

Soy fiel creyente de que, si uno pone atención, el arte siempre encuentra la manera de llegar. El arte simplemente se crea y ya está. Existe esperando a que alguien lo encuentre y con suerte, se conmueva o incluso con más suerte, conecte con la obra. Pero para acudir a dicho encuentro hay que moverse, en este caso, usar nuestros sentidos: escuchar música nueva, ver una película que no tenga muchos reflectores, acudir a una muestra fotográfica, a un museo o a donde sea que se esté cocinando algo que te provea de nuevas emociones o en todo caso de nuevas reflexiones.

Cuando empecé a ver esta película, no le entendía nada. Todo era muy extraño, desde los sucesos, hasta la narrativa, pero afortunadamente no me detuve y para mi fortuna, era de esas que te dejan un mensaje cada vez mayor y significativo a medida que la vas viendo.

La vida de Chuck (2024) es un largometraje basado en la novela corta de Stephen King, de su libro “La Sangre Manda”. Esta historia nos habla no solo de una, sino de varias premisas abordadas en una cronología inversa, acompañadas de un misterio latente que se busca resolver con las herramientas que nos da la misma historia.

Todo comienza con un día como cualquier otro, hasta que no lo es. El mundo empieza a colapsar y curiosamente se alinea al fin de la vida de Chuck. Lo que nos va mostrando es su historia de vida hacia atrás, es decir empezando con sus últimos días.

Poco a poco vamos descubriendo a Chuck, un contador habilidoso con una profunda pasión por el baile. Es huérfano, criado por sus abuelos y un niño prodigio, además de curioso. Él disfruta de una vida común, pero su pasión es el baile, incluso es el mejor del club de su escuela. Sin embargo, luego de la muerte de su abuela, su abuelo le da un baño de realidad, pero al mismo tiempo le muestra la utilidad de las matemáticas en la cotidianidad. Ahí es cuando decide estudiar contaduría.

Lo que vemos después (o antes por cómo está contada esta historia) es el descubrimiento de Chuck por lo que es la vida y el cómo vivirla. Todo a través de pasajes sumamente “comunes” donde la vida misma parece enseñarle que todo aquello que te hace sentir es el camino hacia saber lo que en realidad quieres hacer.

Dentro de la historia, se toca mucho el tema de nuestro papel en el universo y la enrome brecha que hay entre toda la historia de la tierra y nuestra era. Para ello, se recurre al calendario cósmico de Carl Sagan, donde básicamente nos dice que si se comprimiera la historia de nuestro planeta en un calendario como el nuestro, nosotros estaríamos existiendo a las 11:30 pm aproximadamente del 31 de diciembre.

En este punto, Chuck resuelve el misterio de la cúpula de su casa donde no podía entrar y descubre que la cúpula muestra escenas del futuro, aunque no muestra el cuándo. Chuck husmea y ve su propia muerte. Es ahí toma fuerza para vivir y llenase de conexiones reales, él mismo lo dice: vivir hasta que me agote. Ahí es cuando todos sus bailes, decisiones, sus personas queridas, sus momentos “simples” cobran sentido.

Si nos miramos desde arriba, como si fuéramos los arquitectos de nuestra maqueta llamada mundo, entenderíamos que a veces, nuestras vidas solo son una estadística, una cifra o en todo caso, con esa perspectiva desde arriba, solo somos muñequitos que se mueven y hacen cosas. Eso solo deja entrever que no hay que tomarse tan en serio todo, porque al final del día todos tenemos el mismo destino, pero no por eso dejamos de buscar experiencias memorables, no por eso dejamos de echarle ganas, no por parecer que somos insignificantes, deberíamos sentir que lo somos. Llenarnos de todo, experimentar lo más posible, o al menos lo que te hace feliz, eso es lo que nos enseña Chuck que es vivir. Porque a pesar de que nuestra existencia está plagada de insignificancia científicamente hablando, en un sentido artístico, es mejor empezar a vivir que solo sentarse a esperar morir.

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