Dejarse llevar

Dejarse llevar

Por: Mauricio Hernández Sarvide

Ahora que estamos en mes patrio y buscando un tema para poder desarrollar este texto, me di cuenta que en este tiempo he escrito sobre pocas cosas en español y menos aún sobre arte “mexa”. Supongo que el extranjerismo obligado y la continua e inevitable exposición a la cultura “gringa” son el porqué de dicha ausencia de contenido.

No obstante, me di a la tarea de sentir qué pieza, película o pintura resonaba en mi interior y para mi suerte encontré un par de obras de las cuales hablaré paulatinamente. En esta ocasión, toca hablar de alguien bien pero requetebién “mexa”: Alejandro Fernández.

“El potrillo” es uno de los mejores intérpretes de la historia de nuestro país. Su trayectoria está plagada de éxitos y a pesar de ser hijo de Vicente, el mexicano ha sabido hacer carrera no solo en el género regional y ranchero, sino que ha incursionado en obras más “pop” donde no deja de mostrar su enorme talento. Dentro de dichas composiciones es que encontré la joyita a desglosar hoy: Me hace tanto bien. 

Esta canción forma parte de esa colección donde Alejandro Fernández se aleja de sus orígenes. La balada nos habla acerca de la resistencia que tiene alguien de enamorarse de nuevo.

La canción empieza con versos acerca de aquello que se pierde cuando uno decide dar un paso al frente al querer. Dejarse a uno mismo, priorizar por momentos al otro, el miedo de salir lastimado, pero al mismo tiempo nos narra ese sentimiento donde se sabe uno lleno de amor; tan lleno, que no hay más opción que desbordarse.

Esta obra está escrita casi a manera de crónica, me atrevo a decir. La narración prosigue como un proceso, primero la negación, luego la aceptación e incluso se da el “permiso” de un goce singular, de esa alegría que conlleva también el saberse enamorado, al mismo tiempo que reconoce el bien que le hace su contraparte.

Hay momentos donde uno lo sabe. El cuerpo mismo hace de todo para evidenciar las emociones que lleva dentro. La mente divaga, sobre piensa una sonrisa, una caricia, una frase o simplemente un momento con esa persona.

De repente, no puedes parar. Así como uno se levanta a trabajar todos los días, pensar y sentir felicidad al aparecer el recuerdo por la mente del otro, se hace algo rutinario, pero sin el peso que conlleva hacer los deberes.

Para entonces ya lo sabes, cada latido grita su nombre, cada momento vacío se llena con aquella persona que por azares existenciales coincidió contigo. A veces aparecen para llenar vacíos, a veces son respuestas a plegarias; a veces ni la pides, pero llega. A veces simplemente a primera vista es nadie y después de un tiempo lo son todo.

Es ahí donde el cuerpo ya no puede más. Es ahí donde como dice la canción, da uno la libertad a la otra persona de hacer con uno lo que quiera. Porque ningún costo es alto siempre que estén juntos. 

Alex, nos ilustró y nos cantó a toda potencia cómo se siente no solo enamorarse, sino entregarse de veras y, sobre todo, permitirse ser vulnerable. Porque en el amor es así; podrás sentir mil y una cosas, pero solo tú decides si entregarte al sentimiento o solo dejarlo ahí, en una vaga conexión.

Permitirse ser con otro y dejarse llevar hacen que enamorarse no sea un martirio como muchas veces se pinta. Sí, tiene un alto costo, pero para construir una conexión fuerte, hace falta total apertura, para que los cimientos sean la confianza en el otro, sin dejar de lado todo aquello que hace romántico al amor.

Amar es sentir involuntariamente, trabajar firmemente y elegir activamente. Pero más allá de un compromiso, amar es algo inherente en todos nosotros y enamorarse también. No siempre se trata de darle muchas vueltas, en ocasiones, solo basta con dejarse llevar…

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