Por: Brenda Ponce
“Votaría por Morena porque ayuda a las mujeres y a los adultos mayores”.
“No votaría por ninguno. Todos prometen y nunca cumplen”.
“El que más me ha decepcionado es Morena. Yo trabajo en un hospital y no hay ni medicamentos ni equipo”.
Estas fueron algunas de las respuestas más recurrentes de los ciudadanos consultados.
El panorama político actual en México vive una paradoja. Por un lado, Morena continúa siendo, por mucho, la fuerza dominante. Por el otro, crece un bloque de ciudadanos desencantados no solo de Morena, sino de la política partidista en general.
Morena conserva un núcleo duro muy fiel, pero también enfrenta desgaste
Morena no está en crisis de apoyo, pero sí atraviesa un proceso de ajuste después del pico alcanzado en 2024.
Según la encuesta nacional en vivienda de Buendía & Márquez para El Universal, realizada en febrero de 2026, Morena registró 34% de intención de voto para diputados federales. La cifra continúa siendo más del doble que la del segundo lugar: el PAN, con 14%, y Movimiento Ciudadano, con 12%. El PRI registró 8%, el PVEM 7% y el PT 3%.
Sin embargo, la misma serie muestra una tendencia a la baja. En febrero de 2025, Morena registraba 46% de intención de voto, lo que representa una pérdida de 12 puntos porcentuales en un año.
La agencia Enkoll, dedicada a la investigación de opinión pública y estudios de mercado, confirma esta tendencia rumbo a 2027. Entre octubre de 2025 y mayo de 2026, Morena pasó de 48% a 39% de preferencia, una caída de nueve puntos.
El dato clave no es necesariamente que estos ciudadanos se estén trasladando hacia la oposición, sino que muchos se están alejando de los partidos en general.
La identificación con Morena bajó de 45% en febrero de 2025 a 34% en febrero de 2026, mientras que el segmento independiente o apartidista aumentó de 35% a 42%. PAN y PRI se mantienen alrededor del 5% de identificación partidista cada uno.
En cuanto a la evaluación de imagen, Morena continúa siendo el único partido con un balance positivo: 54% de opinión positiva y 27% de opinión negativa, lo que representa un balance de +27 puntos. En contraste, el PAN registra un balance de -26 y el PRI de -45.
La otra cara: la decepción y la desconfianza en todos los partidos
Aquí es donde se confirma la percepción de una decepción generalizada. No se trata únicamente de un sentimiento anti-Morena, sino de un creciente antipartidismo.
De acuerdo con Latinobarómetro 2024, apenas 30% de los mexicanos confía en los partidos políticos. Además, 40% considera que la democracia podría funcionar sin ellos, aunque 54% todavía les concede el beneficio de la duda.
La OCDE, en sus mediciones de 2024 y 2025, señala que 33% de los mexicanos afirma confiar en los partidos políticos.
Por su parte, una encuesta de Poligrama realizada en noviembre de 2025 reveló que solo 11% de los ciudadanos tiene “mucha confianza” en los partidos políticos, frente a 44% que afirma no tenerles “nada de confianza”.
En el caso de diputados y senadores, únicamente 13% expresó tener mucha confianza, mientras que 40% dijo no tener ninguna. Este malestar también se refleja en los votos potenciales que los partidos no logran captar. Buendía & Márquez registró que 22% de los encuestados no declaró una preferencia partidista. Enkoll, en mayo de 2026, encontró que 12% de los ciudadanos no votaría por ningún partido y otro 12% respondió que no sabe.
Es decir, casi uno de cada cuatro electores se encuentra actualmente fuera de cualquier opción partidista.
El panorama de incertidumbre para las próximas contiendas
Lo que comienza a dibujarse rumbo a 2027 y 2030 no es una alternancia segura, sino una competencia entre distintos bloques.
a) Un oficialismo conformado por Morena, PVEM y PT, que continúa siendo mayoritario, aunque ya no parece arrasar como en otros momentos y depende de movilizar a su base fiel.
b) Una oposición fragmentada, con el PAN y Movimiento Ciudadano en niveles similares de preferencia y un PRI con menor respaldo, sin un polo claro de concentración y con una imagen pública deteriorada.
c) Un tercer bloque, quizá el más grande y volátil: el de los apartidistas, indecisos y potenciales abstencionistas. Con 42% de identificación independiente, este grupo no se siente representado por ningún partido y podría ser determinante para decidir si participa o no en las próximas elecciones.
En conclusión, Morena mantiene una base amplia de seguidores y continúa liderando las preferencias, pero su desgaste es medible. La decepción ciudadana no se está traduciendo automáticamente en un respaldo a la oposición tradicional; en muchos casos, se convierte en desencanto general.
Y ahí se encuentra la incertidumbre.
Las próximas elecciones podrían estar marcadas por una mayor abstención, votos de castigo diferenciados y un crecimiento del voto sin partido, capaz de favorecer tanto a Movimiento Ciudadano como a posibles figuras o movimientos externos a las estructuras partidistas tradicionales.
México no está transitando hacia un bipartidismo, sino hacia un modelo de partido dominante rodeado por un mar de ciudadanos sin partido.
La elección no se ganará únicamente reteniendo a los convencidos, sino convenciendo a quienes ya no creen.
Puede parecer contradictorio a simple vista, pero es una realidad que también se refleja en las respuestas de la ciudadanía en “Lo que Hidalgo Opina”.
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