Por: Mauricio Hernández Sarvide
Nos creemos dueños del mundo. Todo lo que aquí habita es conocido y lo que no, es porque está en proceso de. A diario hay avances y deterioro, propios de la misma existencia; prueba inequívoca de nuestra presencia aquí y del inevitable ciclo de principio y final de todo lo vivo.
Creemos que podemos controlar todo y lo que no, lo intentamos al menos conocer, para saber si afecta o no. Muchas veces no es con fines meramente contemplativos, sino de protección. No obstante, dentro de lo que no controlamos se encuentran los dos pilares de existir: la vida y la muerte.
Owe Zerge es un pintor sueco nacido en 1894. Su principal fuerte eran los retratos de personas, flores y paisajes, pero de vez en cuando se aventuraba a experimentar con el surrealismo. Prueba de ello es su obra: Victoria Mortis.
Este cuadro además de impactante a simple vista, guarda un profundo significado para quienes no solo nos quedamos con dicha impresión, si no que buscamos las palabras ocultas dentro de la pintura.
Comencemos con los protagonistas, el sujeto, el esqueleto y el juego de ajedrez.
El sujeto está desnudo completamente, posee una mirada fija al tablero con cierta impotencia pero al mismo tiempo con resignación. Además sus brazos los posa sobre la mesa y sus manos las coloca sobre su frente, reflejando desesperación. Está sentado sobre un banco y atrás aparece una túnica que probablemente llevaba puesta, pero por alguna razón ahora yace en el suelo.
En contraparte tenemos al esqueleto. Al mirar de cerca en realidad tenemos a un cuerpo viejo, con canas y una túnica puesta. Está realizando un movimiento en el tablero. Su postura inclinada denota determinación y confianza. Abajo de él está la caja del tablero con las piezas que ya fueron comidas junto a un reloj de arena casi terminado.
Pasando al tablero observamos menos piezas del sujeto que del esqueleto, se podría decir que va perdiendo.
Sumando todos estos detalles, la interpretación de este cuadro nos revela el destino que nos aguarda a todos nosotros: la muerte.
El sujeto está jugando su última partida. El esqueleto en realidad es la misma muerte. Por eso el reloj de arena está de su lado y está por acabarse, refleja el final de la existencia como tal. La misma justificación aplica para la caja de las piezas, está de su lado porque se puede inferir que tiene el control.
La túnica la lleva puesta porque en realidad no ha perdido nada. Me atrevería a decir que la muerte no tiene nada que perder, funge más bien como un símbolo del fin. No necesariamente es que gane algo o pierda algo, no creo que funcione así. Por eso el sujeto está desesperado, sabe que no tiene forma de ganar. De hecho es así, no hay forma de ganarle a la muerte. Un día estamos y al otro simplemente ya no. No hay poder alguno que pueda revertir ese mandamiento de la naturaleza.
Así mismo, la desnudez del sujeto va acorde a esa premisa. Personalmente lo interpreto como un simbolismo de vulnerabilidad. La muerte está cubierta, pero el sujeto no, porque ha perdido sus pertenencias, en este caso su túnica, probablemente porque así es como uno nace y muere, sin nada.
Victoria Mortis significa Victoria de la muerte en latín. Esta obra nos transmite entre otras cosas la eterna disputa que tenemos con el miedo a la muerte. Refleja que aunque la desafiemos, no hay forma de evitarla y que además nos desarma. Si jugamos contra ella, lo único que obtendremos es desesperación y desgaste, porque inevitablemente el destino es el mismo.
No controlamos la muerte, pero sí la vida. No podemos ganarle la partida, pero sí divertirnos en lo que jugamos a la vida. Todos sabemos que el momento llegará. Pero precisamente por el hecho de no saber cómo ni cuándo, es irónicamente el por qué debemos de valorar nuestra existencia. Tampoco es que debamos angustiarnos por nuestro fin. Al contrario, mientras duremos, debemos aprovechar nuestras realidades y hacer lo mejor que podamos, solo así podremos llegar a la partida final sin remordimientos. Solo llenándonos de todo aquello que nos haga sentir aquí, es que podremos jugar ajedrez con la muerte sin preocuparnos por el resultado. Solo así tendremos oportunidad no de ganar, pero sí de no perder tan feo en el último juego, en nuestra última partida de nosotros, los efímeros.
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