Por: Mauricio Hernández Sarvide
La música tiene poderes indudablemente. No tengo pruebas, pero tampoco dudas. Cantar, bailar, componer y tocar son algunas de las formas de expresión en las que el arte nos permite desahogar nuestras emociones. Incluso si solo se escucha alguna pieza, la melodía, la letra, los instrumentos o la voz, son canales que nos ayudan a articular casi cualquier sentimiento “atorado”.
La historia de la música es tan basta y se remonta tan atrás que se podría decir que se han publicado piezas de todos estilos, colores y sabores, abordando casi cualquier tema disponible.
Esta vez toca hablar de algo/alguien intangible, pero no invisible (según las creencias de cada quien): Dios.
Dios tiene muchos nombres y distintas maneras de actuar. Independientemente de nuestras creencias, la religión es sin lugar a dudas parte del pasaje humano en este mundo. Esa creencia latente de que fuera de este plano hay algo más, no solo sirve como doctrina o imposición de la iglesia, personalmente creo que la relación con Dios o con ese poder omnipotente para quienes creemos en algo más allá, es meramente personal. Se nutre o se empobrece de acuerdo a las convicciones de cada quien.
Regresando a lo universal y maravillosa que es la música, a alguien ya se le ocurrió hablar de dicha relación. Es británico, talentoso, exitoso y posee una voz que parece que le fue otorgada por el de más arriba: Sam Smith.
“Pray” (2017) Es una canción que detalla el lugar y la forma en la que probablemente Sam explica su relación con Dios, en este caso llamado El Señor.
En este sentido, fiel a su estilo, Sam nos narra la desesperación que siente porque la vida lo está lastimando. Su argumento principal de esta melodía es que, aunque él no cree, se decide a rezar, consecuencia de su situación y de lo mal que la ha pasado últimamente.
Tan grave es su estado en la canción, que se entrega totalmente a eso, a la fe ciega y a un Dios que no reconoce, aunque irónicamente al hincarse a rezar como dice la letra, lo está reconociendo. Además, lo llama a tener una conversación uno a uno, en busca de lo que la mayoría necesitamos cuando la vida nos rebasa, esperanza.
El final es la conclusión de su episodio de desesperación y atreviéndome a desafiar las creencias de todo aquel que lea esto, es también un manual y una revelación que tiene el mismo artista acerca de sobrepasar un momento difícil, que al final todos rezamos. Ese es literalmente uno de lo últimos versos de esta pieza.
Sam Smith, es una pequeña muestra de todos quienes alguna vez han perdido mucho y han sido apaleados en ocasiones por la vida misma. Esa frustración, ese ahogo que se siente cuando todo va mal es horrible. Sin embargo, esta bella canción nos dice que tenemos aún una carta que jugar. Una poderosa, aunque sin alguna garantía escrita: La oración, más concretamente, rezar, incluso si jamás hemos creído.
La religión ha estado con nosotros desde tiempos antiquísimos, igual que la música. No obstante, ser creyente o no, es una decisión puramente propia. Nadie puede obligarnos a profesar esto o aquello, aunque en algunas religiones sea así.
Tener fe en algo/alguien muchas veces lo vemos como algo innecesario para vivir, hasta que es lo último que nos queda. Hasta que efectivamente, rezar se vuelve la única opción que tomar frente a las adversidades que se nos presentan.
Supongo que “hacer oración” además de ser gratis, puede atraer cosas buenas, milagros en el mejor de los casos. Creer en algo más, puede ser más allá de una imposición o una aceptación de esta u otra corriente religiosa, una herramienta. Al menos así me ha tocado comprobarlo a mí, en múltiples ocasiones.
A lo mejor hay algo más allá de nosotros, a lo mejor no. Pero es bueno saber que hay algo que hacer, algo a lo que aferrarse cuando todo parece estancarse. Si funciona o no ya es otro tema, pero si se está en la tormenta esperando lo peor ¿por qué no rezar para atraer algo mejor?
Síguenos en nuestro canal de difusión:

