Por: Karen Galván
Llevamos ya un tiempo hablando de la importancia de realizar actividad física, de movernos más y de cuidar nuestra salud física y mental. En textos anteriores hemos resaltado los múltiples beneficios que el ejercicio tiene para nuestro cuerpo: mejora la fuerza, la movilidad, la postura, el estado de ánimo y la calidad de vida en general. También hemos hablado de la creación de hábitos, de cómo se dice que se necesitan al menos 30 días para comenzar a consolidarlos y, posteriormente, mantener la disciplina necesaria para que el movimiento forme parte de nuestra rutina diaria.
Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre cómo estamos realizando esos ejercicios. ¿Qué pasa si en esos inicios aprendimos mal un movimiento? ¿O si repetimos rutinas sin comprender su finalidad o sin cuidar la técnica? La respuesta es sencilla, aunque a veces incómoda: es momento de desaprender y volver a empezar.
Desprendernos de hábitos mal adquiridos no significa fracaso. Al contrario, es un acto de responsabilidad y amor propio. Volver a comenzar, corregir la forma en que nos movemos y aceptar que siempre podemos mejorar nos permite seguir activos con mayor seguridad y confianza, reduciendo el riesgo de lesiones y potenciando los beneficios del ejercicio.
Hoy en día, el ejercicio es considerado una pieza clave en la prevención de enfermedades y en el retraso del envejecimiento. No solo mantiene músculos y articulaciones en buen estado; también favorece la salud cardiovascular, la función cognitiva y el bienestar emocional. Desde la fisioterapia, el movimiento consciente se entiende como una herramienta terapéutica y preventiva, adaptada a cada persona y a cada etapa de la vida.
Por eso, es fundamental promover el ejercicio desde un enfoque de salud, y no únicamente como un ideal de belleza o estética. Movernos no debería ser un castigo ni una obligación impuesta, sino una expresión de respeto y cuidado hacia nuestro cuerpo. Cuando entendemos que el ejercicio es una forma de agradecimiento por todo lo que nuestro cuerpo nos permite hacer, la motivación cambia y se vuelve más auténtica. Por ello, también es importante inculcar a las nuevas generaciones, desde edades tempranas, la práctica de algún deporte, para que cuando sean adultos vean el ejercicio como una actividad habitual.
¿Cómo podemos lograrlo? Aquí algunos consejos clave:
- Pregunta siempre si tienes dudas sobre un ejercicio: para qué sirve, qué músculos trabaja y cómo debe ejecutarse.
- Asegúrate de que quien te orienta esté capacitado y cuente con formación profesional.
- Escucha a tu cuerpo: el dolor no es normal ni necesario.
- Prioriza la técnica y la calidad del movimiento antes que la cantidad o la intensidad.
- Complementa tu actividad física con descanso, hidratación y una buena alimentación.
- Considera la fisioterapia como una aliada para aprender a moverte mejor, no solo para tratar lesiones.

Moverse bien también se aprende, y nunca es tarde para hacerlo de nuevo. Cambiar hábitos requiere paciencia, conciencia y compromiso, pero los beneficios son profundos y duraderos.
Hoy la pregunta es: ¿Qué esperas para cambiar tus hábitos y comenzar a moverte con conciencia, seguridad y amor por tu cuerpo?
Síguenos en nuestro canal de difusión:

