Ignorancia: Entre el miedo y la esclavitud

Ignorancia: Entre el miedo y la esclavitud

Por: Priscila Martínez Ramírez, Politóloga

El país se está incendiando, y entre tantas llamas, el tema de la seguridad acapara toda nuestra atención, sin darnos cuenta de que hay un fuego que aviva y perpetúa la crisis actual: el incremento de la ignorancia.

La ignorancia da como resultado el miedo y la pérdida de la libertad. La manipulación y el adoctrinamiento se vuelven sencillos, ya que un pueblo sin herramientas para forjar su destino se encuentra en manos de malos gobernantes y a merced de la violencia. Sin embargo, al miedo y a la esclavitud se les combate con la educación. La historia así lo ha demostrado, por lo cual haré un ejercicio comparativo:

México y Japón vivieron episodios turbulentos. Tomemos como punto de partida lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial. México gozó de un auge económico con la oportunidad de capitalizar sus exportaciones a Estados Unidos; en contraste, Japón estaba devastado y lidiaba con graves problemas de salud pública y daños ambientales provocados por dos bombas nucleares.

Ochenta años después, Japón es un país desarrollado y México subdesarrollado, o dicho de manera más amable, “en vías de desarrollo”. Hablemos de cómo Japón logró su “milagro económico” en la década de los 50: un proyecto de democratización, liberalización del mercado y despunte tecnológico, impulsado fundamentalmente por una reforma educativa que abarcó a toda la población.

El modelo educativo japonés combina el fomento de la unidad nacional, la responsabilidad de los padres en la educación, la disciplina, las actividades extracurriculares, la limpieza como hábito, una fuerte competencia entre los estudiantes y un alto impulso a la ciencia, especialmente a las matemáticas.

En nuestro país hay muy poco involucramiento de los padres, que solo se limitan a firmar boletas. Se enfoca en la propaganda de ideologías por encima de las ciencias duras; la competencia fue borrada, al igual que la disciplina. De hecho, se prioriza que el alumno pase de grado independientemente de sus resultados.

Podría pensarse que lo anterior es debatible, pero existen pruebas internacionales que lo demuestran, como PISA, creada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). PISA evalúa las habilidades y conocimientos de estudiantes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias.

De los ochenta y un países que participaron en la evaluación de 2022, los resultados de México son lamentables: menos del 1% de los alumnos logró niveles superiores en matemáticas, mientras que en Japón fue más del 20%.

En conclusión, la educación —ni pública ni privada— está preparando a los niños para un mundo competitivo, mucho menos para el progreso. Es una fantasía pensar en creatividad e innovación dentro de un sistema educativo inútil. Es injusto: los padres hacen el esfuerzo de enviar a sus hijos a educarse, y lo único que obtienen son guarderías adoctrinantes.

Ya lo decía Nikola Tesla: “Cuando la educación limita la imaginación, se llama adoctrinamiento”. Tal vez, como ciudadanos de a pie, no podamos incidir en todo el país, pero sí en nuestra familia, y eso es lo más importante:

Primero, debemos comenzar por nosotros mismos. Si los adultos no hacemos un esfuerzo consciente por leer, investigar y analizar, no podemos esperar ser padres y maestros con la capacidad de guiar a través de la sabiduría.

Segundo, debemos apoyar la liberalización de la educación; esto es, que los gobiernos no impongan una curricula, sino que sean la academia, los científicos y el sector privado quienes determinen los temas y las herramientas necesarias, con la aprobación de los padres.

Los milagros sí existen. Ya va siendo hora de que los mexicanos tengamos un momento de verdadera reforma, tal y como otros países lo han logrado. Es un deber oponernos a la decadencia con valentía y dignidad.

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