Por: Mauricio Hernández Sarvide
A medida en que uno va creciendo se va interesando en las causas y en el porqué de las cosas. Casi se vuelve una necesidad. Con el paso del tiempo y del conocimiento que empieza a poblar nuestra mente descubrimos mucho, pero irónicamente empezamos a dimensionar que, en realidad, casi no sabemos nada. Solo una pizca de todo.
A diferencia de otros, a mí nunca me aburrió la clase de historia. Obviamente era tedioso aprenderse las fechas exactas, pero nunca me pareció algo innecesario como se cree muchas veces. Al contrario, entre más sabía más preguntas tenía y más quería saber. Pero estudiar historia es pesado, hay que estudiar también geografía, política, sociología, ciencia; o al menos saber algo de todas ellas.
Empecé a aburrirme, hasta que descubrí el arte. Las películas, la música, la danza, la pintura, la literatura, la poesía, la escultura; todas ellas eran muestra no solo de nuestro contexto, sino de nuestros deseos.
Operación Monumento (2016) es una película basada en una historia real, ambientada a finales de la Segunda Guerra Mundial. La historia nos habla acerca de un escuadrón militar nutrido con soldados apasionados con un anhelo común: Salvar el arte.

En esa época, la prioridad siempre fue la liberación y el “salvar vidas” pero hubo alguien que pensó un poco más allá. Alguien que se dio cuenta que además de las vidas había que salvar nuestra historia, nuestro arte.
El escuadrón estaba liderado por siete valientes hombres decididos a buscar y devolver todas las obras de arte que el régimen había robado y escondido; pinturas y esculturas, sobre todo, que habían sido absueltas de los países que sufrieron la ocupación. Todo ello en una carrera contra el tiempo, porque Alemania perdía fuerza y se habían enterado una nueva orden que decretaba que todas las obras serían destruidas en caso de rendición o del asesinato del máximo superior.
La misión en términos simples era búsqueda y rescate. Encontrar las obras, resguardarlas del enemigo y devolverlas a los países de origen. Como en toda consigna militar, hubo dificultades para encontrarlas, pero nadie desistió hasta lograr el objetivo.
Este largometraje nos narra la travesía y coordinación del escuadrón para lograr su cometido. Pero más importante aún, nos invita a reflexionar acerca del verdadero valor de las distintas formas del arte no solo para su actualidad del planeta, sino para las futuras generaciones como tú y como yo.
Cuántas veces no has dicho mientras escuchas una canción: Caray esta canción dijo todo lo que siento pero que no sabía cómo sacar ¿Cuántas veces no has llorado viendo una película? ¿Cuántas veces no has visto una escultura o alguna pintura y te sorprendes por lo imponente que se ve? ¿Cuántas veces no has leído un verso o escuchado una frase que te cambia la perspectiva?
Más allá de la estética, no se hace arte solo porque se vea bonito. Algunas veces sí. Pero su motor es la expresión, porque el arte es la respuesta a nuestra necesidad de expresar.
Me gusta pensar que los cuadros, canciones, pinturas, esculturas, versos o cualquier otra forma considerada artística, funcionan como amplificadores de la expresión; son las pruebas vivientes de que somos humanos y que podemos sentir. Porque lejos de encerrarse en solo el mensaje de la obra o del autor, consumir distintas formas artísticas, nos hace ver más allá, nos hace expandir no solo nuestro conocimiento, sino nuestra mente y nuestros deseos.

Entonces la pregunta clave es ¿vale la pena arriesgar la vida para salvarlo? POR SUPUESTO.
El arte es una consecuencia de nuestros sentires. Es un escape, una pasión, un reflejo, un pasatiempo, una nueva perspectiva o simplemente un momento en silencio donde el alma descansa para apreciar. Siempre valdrá la pena salvarlo, es lo que somos, lo que fuimos y sobre todo, es la evidencia de lo que sentimos.
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