Sí se puede, pero no es fácil

Sí se puede, pero no es fácil

Por: Zaira Valeria Hernández Martínez

Empezar de cero, aun cuando no tienes nada, no es un acto de derrota: es un acto de valentía. Es decidir confiar cuando no hay garantías, avanzar cuando no hay aplausos y creer en ti misma cuando el mundo parece cuestionarlo todo. Así comienza este año para mí, no desde la carencia, sino desde la fe y la conciencia de todo lo que ha sido necesario para llegar hasta aquí.

Hoy escribo agradeciendo a Dios. No solo por las oportunidades, sino por la fuerza que me ha permitido resistir y continuar. Estoy en el último mes de mi carrera, a punto de cumplir uno de los sueños más importantes de mi vida: graduarme. Y no llegué aquí por casualidad. Llegué aquí a fuerza de sacrificios, de decisiones incómodas y de una lucha diaria entre crecer y sostenerlo todo al mismo tiempo.

Soy mujer. Soy madre. Soy estudiante. Soy jefa de familia. Y como muchas mujeres que hoy me leen, he tenido que aprender a ser resiliente en silencio. A salir adelante en un mundo que muchas veces no ve —o no quiere ver— lo que implica ser madre soltera y no rendirse. Porque hay días en los que parece que nadie observa el esfuerzo, que a nadie le importa el cansancio, las renuncias, los cambios constantes de trabajo para adaptarse a la rutina de mamá, hijo y escuela.

Perseguir sueños desde esta posición implica enfrentar críticas, ser infravalorada, ser señalada. Implica escuchar que “no se puede”, que “no es el momento”, que “deberías conformarte”. Implica, incluso, no ser comprendida desde los espacios más cercanos, desde la propia familia. Pero también implica tomar una decisión poderosa: no permitir que esas voces definan hasta dónde puedes llegar.

No ha sido fácil. Ha habido miedo, lágrimas, noches largas y momentos de profunda soledad. Momentos en los que parece que caminas dentro de una burbuja donde nadie te ve y nadie te acompaña. Y justo por eso escribo. Porque ninguna mujer debería sentirse sola en este proceso. Porque este espacio es para recordarte que no estás exagerando, que no estás fallando, que lo que haces importa.

Esta columna busca ser eso: un lugar de encuentro, de conciencia, de compañía. Un recordatorio de que no estamos solas, de que hay más mujeres luchando, soñando y resistiendo. De que las pocas personas que caminan contigo, las que han llorado contigo y han creído incluso cuando tú dudaste, son las que realmente valen la pena.

Hoy miro en retrospectiva y entiendo que todo este esfuerzo tiene un propósito más grande. No solo cumplir mis sueños, sino demostrarle a mi hijo —y a todas las mujeres que leen estas líneas— que no importa la edad, ni las circunstancias, ni los tropiezos. Nunca es tarde para luchar por lo que te mueve. Sí se puede… pero no es fácil. Y precisamente por eso, transforma.

Y que este inicio de año no sea solo un cambio de fecha, sino una decisión consciente. La decisión de vivir con congruencia, de avanzar aunque duela y de no traicionarte cuando el camino se pone difícil. Si hoy estás leyendo esto y sientes que nadie ve tu esfuerzo, recuerda: tu lucha importa. Cada sacrificio, cada renuncia y cada paso que das en silencio está construyendo algo más grande de lo que imaginas. No estás sola. Somos muchas iniciando el año con miedo, con fe y con sueños intactos. Y mientras sigamos siendo fieles a lo que creemos, a lo que soñamos y a lo que enseñamos con el ejemplo, el camino —aunque no sea fácil— siempre valdrá la pena.

Síguenos en nuestro canal de difusión:

https://whatsapp.com/channel/0029VbAa7Ek3GJP4HI31JY3N

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *