Por: Mauricio Hernández Sarvide
Ser joven y/o adulto joven es una bendición. Esta etapa de la vida es la de los soñadores.
Pertenece a quienes son lo suficientemente locos para atreverse a casi lo que sea.
Cuando se es joven, uno quiere comerse al mundo, experimentar todo lo que sea posible, porque se reconoce que en etapas venideras no se tendrá ni la energía ni el tiempo que se nos otorgan hoy.
En esta cuestión de querer experimentar y en un mundo hiperconectado y globalizado como el actual, aparece un sinfín de posibilidades y caminos por elegir. Pero también surge el miedo a escoger el sendero incorrecto. Consecuentemente, la presión crece y, lejos de ayudar, tener una baraja tan abierta perjudica; y como el tiempo es un factor en cualquier decisión, te apresuras y te apresuras y te apresuras…
Dicha presión ha existido desde siempre, al menos en esta era “moderna”. Tener miles de dudas y querer hacerlo todo hoy, como si no hubiera un mañana, es un sentir compartido. Por eso no soy el primero en escribir sobre esto y, tal vez, tampoco sea el último.

Billy Joel es un cantante norteamericano multipremiado que apareció durante la década de los 70. Como todo artista, tiene un pasado particular: no terminó la escuela y sufrió el divorcio de sus padres desde niño. Con su padre, específicamente, tuvo una relación distante, ya que después del divorcio decidió regresar a su país de origen, Austria.
Después de mucho tiempo, el compositor decide viajar a Europa para verlo y, justamente gracias a ese reencuentro, nace la canción “Vienna”, lanzada en 1977.
Este sencillo habla sobre la prisa juvenil, sobre el deseo de hacer todo rápido por la errónea creencia de que no tenemos tiempo. Vienna es la metáfora que Billy utiliza para representar la vida misma, específicamente en el verso: “When will you realize, Vienna waits for you” (¿Cuándo te darás cuenta de que Viena espera por ti?).
Billy comprendió entonces que no hay nada más preciado que el tiempo. Como muchos de nosotros, tenía prisa por cumplir muchísimas cosas antes de los 30. Pero con esta composición nos enseña que, si bien la vida va de prisa, aún hay tiempo para cada cosa, y es menester aprender a vivir sin apresurarse demasiado.
El envejecimiento es otro punto importante tanto en la vida de Billy como en la canción. Se dice que durante el viaje junto a su padre ambos observaron a una anciana barriendo en la ciudad, y fue su padre quien le hizo ver que durante la vejez aún se puede ser útil y seguir viviendo. Le enseñó a apreciarla no solo como la etapa final de la vida, sino como una etapa más que inevitablemente todos atravesaremos.
Honestamente, qué bueno que Billy hizo ese viaje y qué increíble que nos lo haya regalado en forma de una lección valiosísima disfrazada de canción.
Hoy todo el mundo tiene prisa todo el tiempo. Vivimos corriendo y persiguiendo nuestro propio progreso, pero vamos tan rápido que se nos olvida que los días tienen 24 horas, los meses hasta 31 días y los años 12 meses.
En algún punto es necesario detenerse y reconocer que sí, nuestra existencia es corta, pero no tan reducida como para vivir vueltos locos. Ser joven es una bendición, pero lo es aún más existir y, todavía más, vivir. Como dice el dicho popular: mientras haya vida, hay tiempo. Gracias, Don Billy Joel, por decirlo de una forma más bonita. Y tú, que estás leyendo esto, te aconsejo que a partir de hoy, por favor, de verdad por favor, disfrutes y trates de vivir sin tantas pinches prisas.
Síguenos en nuestro canal de difusión:

