Por: Blanca Esthela Romero Olivares
Dentro del quehacer educativo, una de las figuras principales es el profesor o la profesora que está frente a grupo. Ellos y ellas son elementos fundamentales para que el sistema educativo logre cada una de sus propuestas o estrategias implementadas. Pero ¿qué pasa con el día a día de estos profesionales de la educación? En esta ocasión, mencionaré algunas de las vivencias y retos a los que se enfrenta diariamente el cuerpo docente del sector educativo público.
Vivimos en una sociedad multicultural, y esto impacta de manera directa en el aula. Las y los docentes se enfrentan a una sobrecarga laboral y emocional, derivada de que su función no se limita exclusivamente a la pedagogía y a la implementación de estrategias de aprendizaje. Las profesoras y profesores asumen tareas administrativas, atienden a madres y padres de familia, son acompañantes socioemocionales de las y los estudiantes y llevan a cabo labores de gestión escolar. Todo esto es algo que la sociedad en general no siempre vislumbra y que las y los docentes enfrentan en su día a día.
Como se mencionó anteriormente, esta sociedad multicultural acrecienta los retos. Existen estudiantes que viven en contextos hostiles, donde su forma de comunicarse con la sociedad y dentro del aula se manifiesta a través de la agresión, la indisciplina y el enfrentamiento constante. En ese momento, la docente o el docente dejan de lado el papel para el cual fueron contratados y pausan su práctica pedagógica para ir más allá, trabajando con estrategias que les permitan mostrar al estudiante una perspectiva diferente de la realidad que ha conocido.
De esta manera, el docente se convierte en un acompañante emocional de su alumna o alumno, una labor que ha sido infravalorada por el sistema educativo, ya que en muchas ocasiones implica utilizar parte de su tiempo personal para entrevistarse con madres y padres de familia, con la finalidad de solicitar su apoyo para mejorar el desempeño académico de sus hijas e hijos. En este proceso, suelen encontrarse con diversos obstáculos, como la falta de tiempo de los padres para atender las necesidades académicas y emocionales de sus hijos.

Esta pequeña muestra de vivencias y retos conduce a las profesoras y profesores a un desgaste profesional y a un agotamiento emocional que aún no ha sido revisado a fondo. Dicho desgaste también se refleja en su núcleo familiar, pues no debemos olvidar que muchas y muchos de ellos son madres y padres de familia que, en casa, tienen seres humanos con necesidades académicas y emocionales que requieren atención, al igual que las de sus estudiantes.
Hay mucho que contar sobre esta loable labor. Este texto es solo el inicio de muchos más, en los que se invita a reflexionar sobre el papel de la mujer en el México moderno y sobre su papel dentro del sistema educativo del país.

