Cuando ganar lo es todo (y perderse a uno mismo también)

Cuando ganar lo es todo (y perderse a uno mismo también)

Por: Samuel Téllez

¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar por cumplir tus sueños? ¿Realmente son metas alcanzables?
Pero, sobre todo, ¿Cuál es el precio del éxito?

Marty Supreme, la nueva película protagonizada por Timothée Chalamet y dirigida por Josh Safdie, comienza a perfilarse como una fuerte contendiente en la próxima temporada de premios. Y, tras verla, queda claro que la conversación a su alrededor no es casualidad.

La película aborda de manera cruda y frontal la dureza del camino hacia el éxito. No lo romantiza. Muestra un proceso de realización plagado de tropiezos, frustraciones y momentos tan complejos que, en muchas ocasiones, alcanzar el punto soñado parece prácticamente imposible.

La historia sigue la vida de Marty Supreme, un jugador profesional de tenis de mesa cuya realidad da un giro completo tras perder uno de los partidos más importantes de su carrera. A partir de ese momento, la cinta se sumerge en una espiral de ansiedad, obsesión y desgaste mental, mientras el protagonista persigue un solo objetivo: convertirse en el mejor, cueste lo que cueste.

La actuación de Timothée Chalamet es el corazón absoluto de la película. Marty no es una buena persona, pero no por maldad, sino por desesperación. Safdie construye un personaje profundamente humano, atrapado en su propia mente, frustrado por no recibir las oportunidades que cree merecer y rodeado de personas que, aunque intentan ayudarlo, nunca terminan de comprenderlo del todo. En su mundo, por cada cosa que sale bien, veinte pueden salir mal.

Esa persistencia —casi autodestructiva— vuelve al personaje extrañamente entrañable. Sus decisiones egoístas se vuelven comprensibles, incluso justificables, porque entendemos su presión constante, su cansancio emocional y su hambre de reconocimiento.

Eso sí, la película no es perfecta. En varios momentos se siente lenta e incluso algo pesada, especialmente después de la primera gran competencia, donde el ritmo se estanca.

Sin embargo, llega un punto en el que la historia despega, la tensión crece y la película avanza con fuerza, consolidándose como una de las propuestas más interesantes del último año.

Más allá de las polémicas que rodean a Josh Safdie, Marty Supreme tiene corazón, tiene alma y una identidad muy clara. Gran parte de su impacto se sostiene en que Timothée Chalamet carga con el mayor peso emocional de la historia, entregando una actuación intensa y memorable.

Marty Supreme no solo habla del éxito; habla del precio psicológico y humano que implica perseguirlo. Y ese costo, pocas películas se atreven a mostrarlo con tanta honestidad.

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