Por: Mauricio Hernández Sarvide
Uno creería que el fantasioso mundo de LEGO, sería un espacio creativo. Un lugar con el único límite de la imaginación, donde construir, hacer, desarmar y modificar son las premisas de todos los días. No en esta película y sobre todo no para el Sr Negocios.
Contrario a mi imaginación, en LEGO, las figuritas viven en un mundo controlado y sobre todo adoctrinado. Lo impactante no es dicho control, lo impactante es que nadie se da cuenta. Todos viven su vida igual, una y otra vez, pero incluso para eso existe alguien que, a leguas, gana en cuanto a dejarse llevar por las imposiciones de “los de arriba” se trata.
Emmet es un ciudadano común. No solo común y corriente, sino hasta cierto punto él es el más normal, adoctrinado y obediente de la ciudad me atrevo a decir. En el mundo Lego lo pintan así, como si fuera un don nadie, alguien insignificante, una pieza más de la estructura.
Sin embargo, todo cambia cuando en un accidente de trabajo es engatusado por una profecía, donde se le reconoce como el elegido, además de encontrar la pieza de resistencia (tapa del pegamento). Él sería el encargado de restaurar la imaginación y la creatividad de nuevo en un mundo donde el control, la perfección y el pegamento buscan ganar.
The LEGO movie (2014) es una película que nos cuenta el viaje de Emmet en su búsqueda por convertirse en maestro constructor. En su travesía, más allá de hacer cosas que jamás pensó como enamorarse y conocer a famosos maestros constructores como Batman, descubre algo importante.

Arriesga su vida, pelea en el desierto, en la Edad Media, se escabulle por el mar, se infiltra a la oficina del Sr Negocios y trata de salvar al mundo del pegamento y la fijación. No obstante, descubre que la profecía es un invento y ahí su mundo se desmorona. En ese momento su vida pierde sentido, parecería que toda su valentía y coraje no tuviesen ningún sentido. Hasta que cae al mundo real y junto a un niño con mucha imaginación, descifra al fin el mensaje que necesitaba saber: Para hacer algo especial tienes que creer que es especial, ahí está la frase: BELIEVE. Cree. Después de todo lo que pasó, ahora saberse especial no es suficiente. Hay que creerlo y hay que creerlo de a de veras. Como dice Mitrovius en la película: Sé que parece un póster motivacional, pero es cierto: CREE.
Con esa especie de epifanía o momento de lucidez, Emmet regresa a salvar al mundo, consciente de que en realidad todos somos especiales, a nuestra manera.
Esta semana había tenido un par de esos días donde no quieres saber de nada y uno empieza a dudar de sí mismo en todos sentidos. Luego alguien me recordó todo lo que había logrado, todo lo que mi esfuerzo ha significado y me cambió la perspectiva. Me hizo pensar que, en realidad, solo había dado un mal paso. En realidad, nunca somos tan malos como creemos, ni todo es tan catastrófico como pensamos.
A veces se nos olvida recordar (vaya ironía) que todos tenemos un enorme potencial, que, si hemos llegado hasta aquí, con heridas y cicatrices, pero aquí; es gracias a que no nos hemos rendido, a que todos los días nos levantamos y nos esforzamos por hacer lo que tenemos que hacer. Eso sí es especial.
Nada mejor se puede hacer que creer no en el destino, sino en uno mismo. Este mundo nos orilla a querer ser perfectos y exigirnos como máquinas, como si trabajáramos para el mismísimo señor Negocios. Pero solo por hoy, intenta ser un poco más como Emmet y empieza a creer que sí eres especial. Sé que parece un texto motivacional, pero comprobado y verificado, creer que eres especial, sí te hace especial.
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