Aceptar sufrir

Aceptar sufrir

Por: Mauricio Hernández Sarvide

“Es hasta que nos perdemos que comenzamos a encontrarnos” Henry David Thoreau. La ironía y la certeza detrás de esta frase fue lo que me hizo querer escribir acerca de “El dolor más grande” (2024).

Primeramente. ¿Qué es lo que nos hace perdernos? Existen infinidad de cosas, pero en este caso, es turno de hablar del dolor.

Pienso en un boxeador en el último round de una pelea disputada. Pienso en cómo se siente recibir golpes contundentes durante tanto tiempo. Pienso en cómo muchos de ellos no te tumban, aunque duelan y como es que uno solo puede dejarte inconsciente pero no muerto. Ese golpe de knockout, traducido a esta película es un duelo, el de perder a una madre.

En esta historia nos encontramos a Renne, quien regresa a casa por el funeral de su madre quien llevaba un tiempo enferma. Él un escritor joven con un trabajo que no le gusta pero que gana bien. Ahora regresa a casa con el peor o pretexto posible y se prepara para el funeral al que nadie quiere ir.

Esta historia nos permite explorar el cómo la evasión de nuestros sentimientos nos juega más en contra que a favor. Lo que vemos en pantalla es a un chico evitando nombrar el dolor incesante no solo por la partida de su mamá sino por la insatisfacción que le causa toda su vida desde que salió de casa en busca de su sueño.

Con el pasar de los días, Renne inevitablemente es expuesto a todo el dolor que su pérdida conlleva. Visita el hospital para recoger las cosas faltantes, escoge un ataúd, visita a un sacerdote que le parece inadecuado, se encuentra viejas amistades que le recuerdan su duelo y sorpresivamente conoce a una terapeuta llamada Zoey, originaria de donde vive, muy agradable. Ella es su distracción y con quien comienza a salir por las noches para no tener que pensar en lo sucedido. Todo eso mientras reconecta con su padre y su hermana quienes también están muy afectados.

Lo que este guion cinematográfico nos muestra es la lucha hasta la redención de Renne con su dolor y la aceptación del mismo a través de su conexión con los demás y sobre todo con su madre. Un viaje interesantísimo donde a pesar de no mostrar todas las etapas de un duelo, nos enseña la más difícil: la aceptación.

Y es que para poder arreglar un problema el primer paso es reconocerlo, aceptarlo. Después se le podrá mirar a los ojos, hacerle frente y con apoyo, enfrentarlo para luego superarlo. Pero lo más difícil para Renne y para muchos es eso, iniciar, nombrarlo y por tanto darle un lugar en la vida al problema. Saber que existe no basta, es necesario darle su lugar. No digo que lo siguientes pasos serán fáciles, pero en esto del dolor, la evasión es un camino que no te lleva a ninguna parte. Es como si dieras vueltas y vueltas en una glorieta atascada, solo se hará más difícil incorporarse entre más esperas.

Detrás de esa evitación constante existe el miedo. Porque evitarlo es lo fácil. Pero enfrentar algo que sabes que te destruirá es de valientes, porque al final si bien no se sana, se aprende a vivir con eso. No se elimina, se maneja y entre más tiempo se tarde uno en pelear más difícil es. Tampoco es que haya prisa, pero siempre será importante enfrentarse al dolor. Perderse un rato está bien, pero es menester reconocer que tarde o temprano hay que luchar por encontrarse otra vez.

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