La vivencia docente: entre el compromiso ético y los desafíos del aula

La vivencia docente: entre el compromiso ético y los desafíos del aula

Por: Blanca Esthela Romero Olivares

En esta ocasión, el texto tiene un enfoque de derechos humanos. Como dato, en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), la educación está reconocida como un derecho humano. La UNESCO promueve una educación basada en la igualdad, la inclusión y el respeto.

Lo anterior implica, para el profesor o profesora, garantizar igualdad de oportunidades en el aula y evitar cualquier tipo de discriminación que pudiera presentarse en el día a día de las instituciones educativas. Esto, innegablemente, se vuelve un desafío, puesto que, como lo comenté en el texto anterior, el quehacer docente debe frenar en el aula situaciones de violencia, desigualdad, discriminación y abandono por parte de padres de familia.

El docente, en contadas ocasiones, se vuelve mediador y defensor de derechos ante todas las carencias que pudieran presentarse en el sector educativo, ya que el compromiso ético que adquiere el profesional de la educación es formar ciudadanos que integren valores a su vida diaria, propiciando un ambiente áulico donde exista en todo momento el diálogo, la reflexión y el análisis.

La Nueva Escuela Mexicana tiene como objetivo brindar una educación integral, humanista, pluricultural, colaborativa y equitativa. Por tal motivo, el docente, en cada momento, hace presente el cuidado de los derechos humanos de las y los estudiantes, derechos que son irrevocables (inalienables).

Desde esta perspectiva, se ha generado una oportunidad transformadora de la práctica docente, ya que en ella se busca una participación activa de las y los estudiantes. En todo momento se pugna por promover el pensamiento crítico, reflexivo y analítico, construyendo con ello seres humanos más libres en sus creencias y pensamiento.

Por consiguiente, nos encontramos con docentes que aplican un enfoque de derechos humanos al fomentar el diálogo y la escucha activa, así como al adaptar estrategias para estudiantes con distintas necesidades (sin tener, en muchos casos, la preparación requerida para esos perfiles).

Todo lo anterior nos invita a reflexionar: ¿Cuál es el impacto emocional en las y los profesores ante este reto demandante? Ellas y ellos pueden experimentar satisfacción cuando identifican cambios positivos en sus estudiantes y considerarse agentes activos de cambio social. Sin embargo, no todo es positivo. En muchos casos, profesoras y profesores no cuentan con apoyo para cubrir las necesidades primarias de la educación, lo que les impide realizar su quehacer docente como la Ley de Educación lo demanda.

Existen carencias como falta de infraestructura y una profunda desigualdad en calidad y acceso, derivada de la ubicación geográfica y el nivel socioeconómico. Lo anterior detona en el docente estrés laboral, cansancio emocional y una sensación de frustración al saber que su esfuerzo no siempre es suficiente para lograr el progreso de sus estudiantes.

Seguiré compartiéndoles, en otro momento, los retos y desafíos a los que se enfrentan las y los docentes de nuestro país. Indudablemente, son piezas fundamentales para el progreso de México; por ello, considero que deben ser más cuidados y valorados.

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