Por: Mauricio Hernández Sarvide
Es difícil descifrar la historia de un villano que no es villano, sino un incomprendido e inadaptado. Un villano que, además, se redescubre conforme la trama avanza y que, a pesar de toda la maldad que demuestra, sucumbe ante la “kriptonita” de todos nosotros: el amor.
Megamente es un enigma. La película de 2010 nos habla de este personaje azul, superinteligente, que dedica su vida entera a aterrorizar Metro City y a luchar constantemente con su contraparte, el héroe Metro Man. Su rutina básicamente es amenazar a todos, raptar a Roxanne Ritchi, la reportera más famosa de la ciudad, ser vapuleado por Metro Man y quedar humillado. Todo para que, al día siguiente, lo intente de nuevo.
Sin embargo, un día, inesperadamente, todo cambia cuando por fin logra derrotar y matar a Metro Man. Megamente toma el control de la ciudad y cumple su propósito, pero algo no se siente bien.
Después de un tiempo con la ciudad hecha un caos, nuestro villano se siente vacío y totalmente carente de sentido existencial, producto de su victoria. Tiene todo, pero en realidad no tiene nada; él mismo se lo dice a su mejor amigo y aliado, Servil.
Visitando el museo de Metro Man y desolado por su sentir, Megamente encuentra a Roxanne justo cuando están por cerrar. Se disfraza de Bernard, un trabajador del museo, y decide escapar con ella antes de hacer explotar todo el complejo.
Platicando, se dan cuenta de que tienen muchas cosas en común y empiezan a salir, primero con fines investigativos, hasta que inevitablemente se vuelven románticos. Esa noche surge la idea de replicar a Metro Man, así que Megamente, sin descuidar su coartada, crea una fórmula para dar vida a un nuevo superhéroe. Pero algo sale mal: Roxanne descubre su guarida secreta y, accidentalmente, la fórmula cae en manos de Hal, el camarógrafo.
Hal se convierte en Titán, creyendo en la mentira sobre su origen extraterrestre y siendo entrenado por Megamente disfrazado de su padre espacial. Sin embargo, Hal lo descubre y, tras ser rechazado por Roxanne, desata su furia y se convierte en villano.
Al mismo tiempo, Megamente revela accidentalmente su identidad a Roxanne y ella lo rechaza debido a su pasado. Sin embargo, ante el peligro que representa Titán, deciden unir fuerzas.

En su investigación descubren que Metro Man fingió su muerte, pero ya no está dispuesto a ayudarlos. Megamente se da por vencido, hasta que Titán secuestra a Roxanne y decide actuar, convirtiéndose irónicamente en el nuevo héroe de Metro City. Ahora es el guardián, tiene novia y, por primera vez en su vida, es querido por todos.
Esta historia no habla solo del amor, sino de la redención y del poder de elegir. Megamente fue malo porque así creció (fue criado en una prisión); su inteligencia siempre la usó con fines destructivos. Sin embargo, aprendió una valiosa lección: siempre se puede elegir.
En nuestro libre albedrío, muchas veces nos desgastamos tratando de saber qué es lo correcto, aunque en el fondo ya lo sabemos. Lo que intentamos evitar es el alto costo que a veces implica hacerlo. Por suerte, Megamente lo entendió. ¿Qué cambió en nuestro villano azul de cabeza gigante? El amor. Cuando empezó a salir con Roxanne, cambió para bien. Se volvió más cálido y descubrió que no está tan mal ser el bueno.
Esto demuestra que, a veces, basta una sola caricia, una muy tierna, en el alma, para descubrir que, en realidad, no somos tan malos. A veces, solo hace falta un toque en lo profundo para cambiar tus decisiones y recordarte que, a pesar de todo, todos tenemos derecho a elegir nuestro destino.
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