Un combate de pares

Un combate de pares

Por: Mauricio Hernández Sarvide

Måneskin es un grupo de rock italiano que irrumpió hace algunos años en la escena internacional. Pero hoy hablaremos de un miembro de esta agrupación en específico: su vocalista, Damiano David.

Luego del éxito de la banda, Damiano decidió dar un paso inesperado y comenzar a explorar diversos géneros musicales en solitario, sin desprenderse de sus compromisos con el grupo. Muestra de ello fue su cover de la canción de Miley Cyrus “Nothing Breaks Like a Heart”, donde presenta una faceta distinta a la fiebre rockanrolera a la que nos tiene acostumbrados.

La aceptación por parte del público hizo ruido en su cabeza, así que decidió ir más allá y en 2025 nos regaló “Funny Little Fears”, su primer álbum como solista, de donde surge nuestra obra de hoy: el hit “Perfect Life”.

Dicha canción nos habla de una relación y de cómo, en ocasiones, una persona se esfuerza mientras la otra no está dispuesta a hacer el mismo sacrificio. En este tema, la justificación de esa falla es la “vida perfecta” que lleva alguien y el gran esfuerzo que parece representar estar con otra persona. Lo que se reclama es un espacio en esa vida; espacio que parece no existir, no por circunstancias ajenas, sino por decisión.

Esta pequeña historia de 3:30 minutos se enfoca en el reconocimiento, por parte de quien resulta afectado, del daño que le genera dar todo sin recibir nada, hasta el grado de perderse a sí mismo/a. Y es que hay pocas cosas en el mundo tan poderosas como querer a alguien. Por ello, el dolor que genera una situación así puede ser igual o hasta más intenso que el mismo amor.

A veces uno desea tanto a la contraparte que pasa por alto fallas y desatenciones por miedo: miedo a quedarse sin el otro, miedo a no saber qué hacer si se va y consigo se lleva el cariño, los momentos juntos, las risas, la seguridad, la familiaridad y, sobre todo, el tiempo invertido en ese vínculo.

Pero entonces, ¿dónde queda uno si no es correspondido? Sencillo: queda, como dice esta obra, en una batalla constante. Lo peor es que esa batalla es contra ti mismo; solo tú la estás peleando porque la otra parte no está dispuesta a hacer lo mismo para vencer al enemigo. Indudablemente, el amor requiere convicción y, en esta lucha, siempre se necesitan dos dispuestos a todo para combatir.

En estos casos, donde no se otorga el lugar merecido, lo mejor es irse; algo que la canción también revela. Es preferible eso a combatir en soledad, y marcharse no es tan malo. Dar un paso al costado muchas veces es la mejor opción. Si solo tú insistes, propones y llevas la batuta, la relación se vuelve insostenible y, en vez de perder a la otra persona, terminarás perdiéndote a ti mismo.

Me atrevo a decir que, incluso yéndote, quien pierde más no eres tú por renunciar a algo que no es sano, sino la otra persona por perder a un gran luchador. De por sí vivir no es fácil, y añadirle más carga al luchador nunca será la solución. Al contrario, es necesario encontrar a quien nos dé una mano y alivie el peso en esa parte del combate donde el cuerpo y la mente no dan más, donde se ha llegado al límite.

La reciprocidad en un vínculo amoroso es esencial y no de manera fraccionaria perfecta, es decir, 50/50 no siempre. A veces, cuando uno está al 20%, el otro debe aportar 80%, y viceversa en distintos momentos, siempre desde el cariño.

Amar sí es un esfuerzo y sí es una batalla constante, pero de nosotros depende elegir sabiamente nuestro apoyo y convertir la vida no en un combate uno a uno, sino en un combate de pares.

Síguenos en nuestro canal de difusión:

https://whatsapp.com/channel/0029VbAa7Ek3GJP4HI31JY3N

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *